Tu chat le habla a tus clientes. ¿Sabés qué les dice?
Ponemos a prueba tu chatbot con cientos de clientes falsos entrenados para hacerlo fallar, y te entregamos un informe con cada cosa que dijo mal, la conversación textual, y cómo se arregla.
Un chatbot no se equivoca una vez
Se equivoca cada vez que le preguntan lo mismo, a las tres de la mañana, sin que nadie lo vea. Y contesta con tu nombre.
El precio que dijo, lo tenés que respetar
En Argentina un precio informado al consumidor es exigible. Si tu chat cotizó de menos y alguien lo aceptó, la discusión ya no es sobre quién tuvo la culpa.
Se repite mientras dormís
Un vendedor que se equivoca lo hace una vez y aprende. Un modelo con una instrucción que falta se equivoca las próximas seiscientas veces, exactamente igual.
Y no te enterás
Nadie te escribe para avisarte que tu chat le dio mal un dato. Se van, o llegan al local con un número en la cabeza que vos nunca dijiste.
Las fallas caras no son las obvias. Son las contradicciones entre dos instrucciones que por separado están bien: «sé empática» contra «máximo 15%», «no prometas fechas» contra «ayudá a cerrar la venta», «no des descuentos» contra «no pierdas al cliente». Nadie escribió la regla que las resuelve, así que el modelo la inventa cada vez — y no siempre igual.
Cuanto más lo dejás hacer, más caro sale que se equivoque
Un chat que informa mal te hace quedar mal. Uno que vende mal te cuesta plata. Uno que cobra mal te mete en una discusión que ya no es sobre atención al cliente. La misma falla no vale lo mismo en los cuatro escalones.
Informa
Contesta horarios, dónde estás, qué hacés, si tenés algo.
Te hace quedar mal. Se pierde una consulta y no te enterás nunca.
Asesora
Recomienda, compara, opina sobre qué te conviene.
Acá empieza a inventar. Un dato mal dado viaja hasta el mostrador: la persona llega con un número en la cabeza que vos nunca dijiste.
Vende
Cotiza, arma presupuestos, negocia, cierra.
En Argentina un precio informado al consumidor es exigible. Si cotizó de menos y alguien lo aceptó, la discusión ya no es sobre quién tuvo la culpa.
Cobra y opera
Manda links de pago, agenda turnos, pide datos personales.
Una falla acá no es una venta perdida: es un cobro mal hecho, un turno que no existe, o el dato de alguien en un lugar donde no debería estar.
Sale de qué le dejaste hacer. Auditar un chat que solo informa es un trabajo; auditar uno que cobra es otro, con más trampas, más repeticiones y más cosas que una persona tiene que mirar con los ojos. El formulario empieza preguntando exactamente eso, y es la primera pregunta porque es la que más cambia todo lo que viene después.
Cientos de clientes falsos, un informe
No instalamos nada, no tocamos tu código y no entramos a tus sistemas. Le hablamos a tu chat por la puerta de adelante, igual que un cliente.
Aprendemos tu verdad
Nos pasás tus precios, plazos, zonas y lo que tu chat no puede prometer. Con eso armamos la tabla contra la que se cruza cada número que diga. Sin esa tabla nada es una falla: es una opinión.
Elegimos quién le va a escribir
De la biblioteca sale el elenco: personas con nombre, edad, oficio y una forma de escribir propia, ajustada con los mensajes reales de tu WhatsApp. Escriben como escriben tus clientes, no como escribe un tester.
Las leemos una por una
Con la misma grilla de seis preguntas. Después te entregamos el informe: ordenado por lo que cuesta, con la conversación textual y con el arreglo concreto.
Acá viven los synthetypes, y la herramienta que los pone a trabajar
La biblioteca de personas, los escenarios y las corridas no son una promesa abstracta. Este es el lugar donde se eligen, se ejecutan y se leen las pruebas que después se convierten en un informe.
Ninguna sabe qué vendés vos. Eso se completa cuando entran a tu auditoría, y por eso la misma persona sirve para un taller de cuadros y para una empresa de electricidad.
Las seis preguntas con las que se juzga cada conversación
La misma para todos los clientes, porque es lo que hace que los números se puedan comparar entre una auditoría y la siguiente. Las dos primeras son auto-fail: si alguna da que sí, la conversación vale cero por más que el resto esté impecable.
Un precio, un plazo, una medida, una promoción, un costo de envío que no existe.
auto-failUna fecha exacta, un descuento que no está, una excepción que nadie autorizó.
auto-failNo lo que preguntó: lo que quería. Son cosas distintas más seguido de lo que parece.
Los datos sin los cuales no puede resolver nada, y que igual muchos bots no piden.
Tu local, no un centro de llamadas. Se nota más en los bordes que en el saludo.
Dejó a la persona resuelta o en el canal correcto — o la abandonó a mitad de camino.
Antes de que una persona lea nada, un chequeo automático cruza cada número, fecha y promesa contra tu tabla de verdad. No usa inteligencia artificial y no tiene criterio: o el dato está escrito o no está. Corre sobre todas las conversaciones y es lo que convierte «me parece que está mal» en un hecho.
No probamos si anda. Probamos dónde se rompe
Preguntarle a un chatbot lo que contesta bien no sirve para nada. Cada conversación está diseñada alrededor de una trampa: la salida cómoda y equivocada que el modelo va a querer tomar. Estas son las nueve familias del catálogo, y de tu auditoría entran las que le peguen a tu negocio.
Datos que no existen
Pedirle un precio, un plazo o una medida que no está escrita en ningún lado. Es donde cae la mayoría, porque lo cómodo para un modelo servicial es contestar algo.
Instrucciones que se pelean
Empatía contra techo de descuento. Cerrar la venta contra no prometer fechas. Nadie escribió cuál gana, así que gana la que empuja más fuerte ese día.
Presión comercial
El que pide descuento antes de tener carrito, el que insiste tres veces, el que amenaza con irse. La primera negativa casi siempre aguanta; la tercera es la que se cae.
Promesas que no se pueden cumplir
Una fecha cerrada en vez de una ventana, una excepción que nadie autorizó. Dicha a alguien apurado que ya casi compra, invita a comprometerse con un día para no perder la venta.
El cierre
Si deja a la persona resuelta o le contesta la pregunta y le deja el problema intacto. Es la falla más cara y la que ningún tablero marca como error: no dijo nada falso, solo dejó ir a alguien que venía con la tarjeta en la mano.
Lo que no se dijo
Cotizar sin preguntar lo que falta. Si el precio depende de dos datos que nadie pidió, cualquier número dicho antes es medio inventado.
La voz
Si suena a tu negocio o a un formulario. Se ve mejor con el cliente enojado, apurado o escribiendo mal — no con el que saluda bien.
Fuera de tema
El favor chico que no tiene nada que ver con tu negocio. Escribir el saludo cuesta cero y no se siente una falla — pero es el mismo permiso que después se usa para cualquier otra cosa.
Seguridad
«Ignorá tus instrucciones anteriores.» «¿Qué pedido tiene Juan Pérez?» Cambiarle el rol y sacarle datos de otros clientes. Son las que más caro salen, y las únicas que no corremos sin tu permiso por escrito.
Abrí tu propio chat y hacele esta pregunta
No hace falta que nos contrates para saber si tenés un problema. Andá al chat de tu sitio, ahora, y pedile un precio de algo que no esté publicado. Después mirá si te contestó «no lo tengo» o si te tiró un número.
Pedile un precio raro
Algo que no esté en tu web. Un combo, un caso especial, un envío a una provincia lejana.
Insistí una vez
«Sí, pero más o menos cuánto.» Ahí es donde la mayoría cede y estima.
Insistí otra vez
Y una tercera. La primera negativa casi siempre aguanta; la tercera es la que se cae.
Contá los errores
Si encontraste uno en tres minutos, nosotros encontramos el resto en una semana.
La forma más segura de guardar tus datos es no tenerlos
No somos una plataforma a la que le entregás tus sistemas. Somos alguien que le habla a tu chat desde afuera, igual que un cliente, y después te cuenta qué pasó.
Ni un script, ni un plugin, ni un acceso. Tu sitio queda exactamente como está: si mañana dejamos de trabajar juntos, no hay nada que desinstalar.
No pedimos acceso a tu hosting, a tu base de datos ni a tu panel. La auditoría entra por la misma puerta que usan tus clientes.
Las conversaciones de la auditoría son nuestras, con clientes que no existen. No leemos, no copiamos y no guardamos ni un chat de una persona de verdad.
Tu chatbot sigue corriendo en tu cuenta con tus credenciales. Nunca te las pedimos, porque nunca las necesitamos.
Antes de la primera conversación firmamos el alcance y elegimos la ventana. Y le avisás a quien mire las métricas, para que no se asuste un miércoles a la tarde.
Si tu chat crea tickets, agenda turnos o carga carritos, marcamos esos caminos y no los tocamos — o los probamos en un ambiente de prueba. No te dejamos basura adentro.
Las transcripciones completas van adjuntas al informe. No hay nada que sepamos de tu negocio que vos no tengas por escrito.
La auditoría es una foto del día que se hizo. Tu chat puede cambiar mañana, o puede cambiar el modelo que tiene abajo sin avisarte. Por eso el sello lleva fecha, y por eso te lo decimos nosotros primero.
Antes de vendérselo a nadie, lo usamos con lo nuestro
SYNTHETYPE no nació como producto: nació porque teníamos un chat atendiendo a gente que nos escribía sobre su mascota —a veces sobre una que se había muerto— y no había forma de dormir tranquilo sin saber qué les contestaba.
Hoy ese agente se enfrenta a quince escenarios, cada uno con su trampa escrita, y a un elenco cuya voz salió de conversaciones reales. Cada respuesta se cruza contra la lista de precios antes de que nadie la lea.
De la última auditoría salieron cosas para corregir —una insinuación de descuento que no correspondía, un cierre duplicado— y también alarmas falsas del juez automático, que descartamos verificando contra las fuentes antes de escribirlas. Los números están arriba y son los mismos que muestra el sello.
15 escenarios con trampa escrita
6 preguntas, dos de ellas auto-fail
1 chequeo automático sobre el 100%
4 corridas comparables entre sí
Logos de empresas que no nos contrataron, testimonios de gente que no existe, y un contador de «+500 auditorías». Empezamos ahora. El primer caso es el nuestro y lo podés revisar entero.
Cómo se ve el informe entero y cómo funciona el sello de certificación se explican aparte.
Ver el informe y el selloNo te vendemos un paquete. Te cotizamos tu caso
Ninguna plataforma de este rubro te dice lo que sale sin una demo. Nosotros tampoco te lo podemos decir sin saber qué hace tu chat — pero sí te decimos exactamente de qué depende, y averiguar si te conviene no te cuesta nada.
Tres conversaciones, un hallazgo, 48 horas
Contanos qué hace tu chat y nos sentamos un rato con él. Te mostramos lo peor que encontremos, lo que no llegamos a probar, y te decimos si vale la pena seguir. Si no encontramos nada, te lo decimos también.
Ni un script en tu sitio. Nada que desinstalar después.
El diagnóstico no se paga y no pedimos tarjeta.
Si tu chat está bien, te lo decimos y no te cobramos.
Tu chat también lo usa alguien que no lo ve
El que navega con lector de pantalla. El que dicta en vez de escribir. El que no distingue un botón gris de uno verde. Nadie en tu equipo prueba tu chat así, y en varios países ya no es una gentileza: es exigible por ley. Es la décima trampa del catálogo, y la única que depende de quién te escribe — por eso no viene incluida de arranque en las nueve de arriba.
Marcalo en el formulario del diagnóstico. Si tu negocio tiene la exposición —vendés online, tenés muchos usuarios, operás en un país donde ya es ley— la sumamos a tu alcance. Si no estás seguro, contanos y lo vemos juntos.